domingo, enero 16, 2005

Sin fin

y la vida se rehusa a darnos signos:
un rasgo, un nombre, una seña particular
que la haga sobresalir de las demás...

y en ese tonto juego de la vida guardarnos el secreto
de quien hará más vivibles estos, a ratos, insoportables días, meses y hasta años,
nos vemos saltando de cuerpo en cuerpo,
de cama en cama, de beso en beso, de boca en boca...

y de tanto saltar, probar, palpar y soñar
perdemos el sentido del tacto, el sentido de lo bello,
hasta que al fin el cansancio y el silencio de pronto nos den respuesta
o nos dejen, irónicamente, de nuevo al principio de este verso.

1 comentario:

Silvia Calle dijo...
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